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jueves, 2 de abril de 2009

Vuelve la ideología de Nación Camba disfrazada de rescate de la cultura camba


Como cambian las cosas... Si uno hace un poco de memoria, recuerda los momentos de mayor convulsión social en Bolivia (durante la presidencia de Evo Morales) entre los comités cívicos y media luna contra el gobierno nacional; el término nación camba era satanizado y considerado separatista; pero ahora después de la derrota que sufrió la oposición y la falta de ideas, vuelve el susodicho término disfrazado con el slogan:
"recuperar lo que es nuestro".

VUELTA DE TUERCA

Me río de la nación camba
Por: Manuel Suárez Ávila

Varios descendientes de kollas, de yugoslavos y de otras etnias muy respetables, han fundado en Santa Cruz, eso que llaman la Nación Camba. Ante ellos, me río. Y por si acaso, esta crítica —uy qué pena—, no la hace un kolla/invasor; la hace un beniano (los Suárez somos como parte del paisaje oriental) harto de la ignorancia ésa y hasta los cojones de quienes convierten lo camba, no sólo en la política del neo/cruceño, sino en una profesión tan provinciana como cursi. Porque detalle aparte: ningún cruceño de cinco generaciones necesita vestirse con ese chauvinismo tan payaso.

Se puede —y últimamente está de moda— tener una identidad comunitaria propia. Unas costumbres, unos usos, una tradición y en suma, una cultura “mía y de mi mamá”. O sea, estupendo que nosotros los benianos, tengamos macheteros; sillas con señoras de luto y abanico en las puertas de nuestras casas; horcones de madera; casonas de tres patios; yucas; estancias con estilos feudales; feos/cuadros de paisajes con caimanes y panteras; y en fin, estupendo que hagamos nuestra vida comunitaria de acuerdo a ciertos rasgos particulares. Hasta aquí, bien. Lo que me parece una estupidez es lo siguiente: primero, el pensar que, por tener unas determinadas costumbres —por ejemplo, comer yuca-—, nos corresponde un gobierno autónomo. Porque “Nación” significa identidad más Poder propio (Ciencia Política/elemental). Y es que, de la yuca al Poder, hay mucha distancia. Segundo, me parece tonto el pensar que, por ser las nuestras unas costumbres diferentes, son costumbres superiores a otras. Y tercero, considero muy EDITADO que estemos instalados en una suerte de blanquitud racista frente a los kollas.

Si tuviéramos que medir la cosa en términos de valores —de conducta ética, de cultura para el desarrollo o de apego al humanismo, por citar algunas virtudes comunitarias—; veríamos que nosotros, los mestizos del oriente, somos, al igual que los mestizos del occidente, unos tipos de medio pelo. Así que no me vengan esos recién llegados a Santa Cruz, a figurar de tradicionales y de luchadores por unos valores superiores y propios.

Y es que para bien, Santa Cruz no es sinónimo de tradición. Es de modernidad y no regional, sino nacional y estatal. Lo de Tradición es cosa para británicos, castellanos o judíos. Y más. Santa Cruz no es un pueblo que pueda reclamar el hundimiento de una supuesta y refinada tradición cultural propia. ¿Cuál es la oligarquía cruceña de finales del XIX y principios del XX? Ninguna. ¿Y cuáles son los apellidos cruceños que marcan desde la abundancia y el buen gusto la época dorada de las oligarquías latinoamericanas? Ninguno, cero/apellidos. Ese era un pueblo, con seguridad, muy honrado y digno, pero pobrísimo... y caballeros, en nuestro continente, si no hubo oligarquía —o algo más afinado que eso—, no hay refinamiento de la tradición cultural. Cultura en el sentido duro: como refinamiento de las artes y las costumbres. O sea, no me cuenten el cuento de una sociedad que añora —ante la invasión kolla—, “su original tradición, tan refinada en valores artísticos, culturales y propios”.

Y por favor. Para la contabilidad de ese refinamiento en la tradición, que aquí le niego a Santa Cruz, no valen ni los caraokes, ni el carnaval.

Santa Cruz, pueblo industrioso, respetable, lleno de emigrantes, noble y bonito: tienes tú, hijos e hijastros que no te comprenden y, así, que te niegan. Perdónalos, pues no saben lo que hacen.

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